{"id":1385,"date":"2020-03-17T10:18:10","date_gmt":"2020-03-17T10:18:10","guid":{"rendered":"https:\/\/lamoliciedeagullo.com\/?p=1385"},"modified":"2020-03-17T10:18:10","modified_gmt":"2020-03-17T10:18:10","slug":"cronicas-del-confin-lo-que-sucedio-a-un-dean-de-santiago-con-don-illan-el-mago-de-toledo-don-juan-manuel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/?p=1385","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas del conf\u00edn: \u201cLo que sucedi\u00f3 a un de\u00e1n de Santiago con don Ill\u00e1n, el mago de Toledo\u201d (Don Juan Manuel)"},"content":{"rendered":"<p>Cuarto d\u00eda de confinamiento en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide); la bruma aguarda tras las cristaleras del sal\u00f3n en este norte fr\u00edo e inconcreto, con el puerto de partida ya olvidado y sin horizonte ni destino. Naufrago en esta pesada niebla que lo envuelve todo, el tiempo gira loco, sin tim\u00f3n\u2026<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\n<em>La Guancha. Martes, 17 de marzo de 2020<br \/>\n<\/em>M\u00fasica recomendada: <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=dwc7ZEYfWYc\"><strong>So many roads (John Mayall &amp; Gary Moore)<\/strong><\/a><\/p>\n<p>\u00abOtro d\u00eda hablaba el <strong>Conde Lucanor<\/strong> con <strong>Patronio<\/strong> y le dijo lo siguiente:<\/p>\n<p>-Patronio, un hombre vino a pedirme que le ayudara en un asunto en que me necesitaba, prometi\u00e9ndome que \u00e9l har\u00eda por m\u00ed cuanto me fuera m\u00e1s provechoso y de mayor honra. Yo le empec\u00e9 a ayudar en todo lo que pude. Sin haber logrado a\u00fan lo que pretend\u00eda, pero pensando \u00e9l que el asunto estaba ya solucionado, le ped\u00ed que me ayudara en una cosa que me conven\u00eda mucho, pero se excus\u00f3. Luego volv\u00ed a pedirle su ayuda, y nuevamente se neg\u00f3, con un pretexto; y as\u00ed hizo en todo lo que le ped\u00ed. Pero a\u00fan no ha logrado lo que pretend\u00eda, ni lo podr\u00e1 conseguir si yo no le ayudo. Por la confianza que tengo en vos y en vuestra inteligencia, os ruego que me aconsej\u00e9is lo que deba hacer.<\/p>\n<p>-Se\u00f1or conde -dijo Patronio-, para que en este asunto hag\u00e1is lo que se debe, mucho me gustar\u00eda que supierais lo que ocurri\u00f3 a un de\u00e1n de Santiago con don <strong>Ill\u00e1n<\/strong>, el mago que viv\u00eda en Toledo.<\/p>\n<p>El conde le pregunt\u00f3 lo que hab\u00eda pasado.<\/p>\n<p>-Se\u00f1or conde -dijo Patronio-, en Santiago hab\u00eda un de\u00e1n que deseaba aprender el arte de la nigromancia y, como oy\u00f3 decir que don Ill\u00e1n de Toledo era el que m\u00e1s sab\u00eda en aquella \u00e9poca, se march\u00f3 a Toledo para aprender con \u00e9l aquella ciencia. Cuando lleg\u00f3 a Toledo, se dirigi\u00f3 a casa de don Ill\u00e1n, a quien encontr\u00f3 leyendo en una c\u00e1mara muy apartada. Cuando lo vio entrar en su casa, don Ill\u00e1n lo recibi\u00f3 con mucha cortes\u00eda y le dijo que no quer\u00eda que le contase los motivos de su venida hasta que hubiese comido y, para demostrarle su estima, lo acomod\u00f3 muy bien, le dio todo lo necesario y le hizo saber que se alegraba mucho con su venida.<\/p>\n<p>\u00bbDespu\u00e9s de comer, quedaron solos ambos y el de\u00e1n le explic\u00f3 la raz\u00f3n de su llegada, rog\u00e1ndole encarecidamente a don Ill\u00e1n que le ense\u00f1ara aquella ciencia, pues ten\u00eda deseos de conocerla a fondo. Don Ill\u00e1n le dijo que si ya era de\u00e1n y persona muy respetada, podr\u00eda alcanzar m\u00e1s altas dignidades\u00a0\u00a0 -60-\u00a0\u00a0 en la Iglesia, y que quienes han prosperado mucho, cuando consiguen todo lo que deseaban, suelen olvidar r\u00e1pidamente los favores que han recibido, por lo que recelaba que, cuando hubiese aprendido con \u00e9l aquella ciencia, no querr\u00eda hacer lo que ahora le promet\u00eda. Entonces el de\u00e1n le asegur\u00f3 que, por mucha dignidad que alcanzara, no har\u00eda sino lo que \u00e9l le mandase.<\/p>\n<p>\u00bbHablando de este y otros temas estuvieron desde que acabaron de comer hasta que se hizo la hora de la cena. Cuando ya se pusieron de acuerdo, dijo el mago al de\u00e1n que aquella ciencia s\u00f3lo se pod\u00eda ense\u00f1ar en un lugar muy apartado y que por la noche le mostrar\u00eda d\u00f3nde hab\u00eda de retirarse hasta que la aprendiera. Luego, cogi\u00e9ndolo de la mano, lo llev\u00f3 a una sala y, cuando se quedaron solos, llam\u00f3 a una criada, a la que pidi\u00f3 que les preparase unas perdices para la cena, pero que no las asara hasta que \u00e9l se lo mandase.<\/p>\n<p>\u00bbDespu\u00e9s llam\u00f3 al de\u00e1n, se entraron los dos por una escalera de piedra muy bien labrada y tanto bajaron que parec\u00eda que el r\u00edo Tajo ten\u00eda que pasar por encima de ellos. Al final de la escalera encontraron una estancia muy amplia, as\u00ed como un sal\u00f3n muy adornado, donde estaban los libros y la sala de estudio en la que permanecer\u00edan. Una vez sentados, y mientras ellos pensaban con qu\u00e9 libros habr\u00edan de comenzar, entraron dos hombres por la puerta y dieron al de\u00e1n una carta de su t\u00edo el arzobispo en la que le comunicaba que estaba enfermo y que r\u00e1pidamente fuese a verlo si deseaba llegar antes de su muerte. Al de\u00e1n esta noticia le caus\u00f3 gran pesar, no s\u00f3lo por la grave situaci\u00f3n de su t\u00edo sino tambi\u00e9n porque pens\u00f3 que habr\u00eda de abandonar aquellos estudios apenas iniciados. Pero decidi\u00f3 no dejarlos tan pronto y envi\u00f3 una carta a su t\u00edo, como respuesta a la que hab\u00eda recibido.<\/p>\n<p>\u00bbAl cabo de tres o cuatro d\u00edas, llegaron otros hombres a pie con una carta para el de\u00e1n en la que se le comunicaba la muerte de su t\u00edo el arzobispo y la reuni\u00f3n que estaban celebrando en la catedral para buscarle un sucesor, que todos cre\u00edan que ser\u00eda \u00e9l con la ayuda de Dios; y por esta raz\u00f3n no deb\u00eda ir a la iglesia, pues ser\u00eda mejor que lo eligieran arzobispo mientras estaba fuera de la di\u00f3cesis que no presente en la catedral.<\/p>\n<p>\u00bbY despu\u00e9s de siete u ocho d\u00edas, vinieron dos escuderos muy bien vestidos, con armas y caballos, y cuando llegaron al de\u00e1n le besaron la mano y le ense\u00f1aron las cartas donde le dec\u00edan que hab\u00eda sido elegido arzobispo. Al enterarse, don Ill\u00e1n se dirigi\u00f3 al nuevo arzobispo y le dijo que agradec\u00eda mucho a Dios que le hubieran llegado estas noticias estando en su casa y que, pues Dios le hab\u00eda otorgado tan alta dignidad, le rogaba que concediese su\u00a0\u00a0 -61-\u00a0\u00a0 vacante como de\u00e1n a un hijo suyo. El nuevo arzobispo le pidi\u00f3 a don Ill\u00e1n que le permitiera otorgar el deanazgo a un hermano suyo prometi\u00e9ndole que dar\u00eda otro cargo a su hijo. Por eso pidi\u00f3 a don Ill\u00e1n que se fuese con su hijo a Santiago. Don Ill\u00e1n dijo que lo har\u00eda as\u00ed.<\/p>\n<p>\u00bbMarcharon, pues, para Santiago, donde los recibieron con mucha pompa y solemnidad. Cuando vivieron all\u00ed cierto tiempo, llegaron un d\u00eda enviados del papa con una carta para el arzobispo en la que le conced\u00eda el obispado de Tolosa y le autorizaba, adem\u00e1s, a dejar su arzobispado a quien quisiera. Cuando se enter\u00f3 don Ill\u00e1n, ech\u00e1ndole en cara el olvido de sus promesas, le pidi\u00f3 encarecidamente que se lo diese a su hijo, pero el arzobispo le rog\u00f3 que consintiera en otorg\u00e1rselo a un t\u00edo suyo, hermano de su padre. Don Ill\u00e1n contest\u00f3 que, aunque era injusto, se somet\u00eda a su voluntad con tal de que le prometiera otra dignidad. El arzobispo volvi\u00f3 a prometerle que as\u00ed ser\u00eda y le pidi\u00f3 que \u00e9l y su hijo lo acompa\u00f1asen a Tolosa.<\/p>\n<p>\u00bbCuando llegaron a Tolosa fueron muy bien recibidos por los condes y por la nobleza de aquella tierra. Pasaron all\u00ed dos a\u00f1os, al cabo de los cuales llegaron mensajeros del papa con cartas en las que le nombraba cardenal y le dec\u00eda que pod\u00eda dejar el obispado de Tolosa a quien quisiere. Entonces don Ill\u00e1n se dirigi\u00f3 a \u00e9l y le dijo que, como tantas veces hab\u00eda faltado a sus promesas, ya no deb\u00eda poner m\u00e1s excusas para dar aquella sede vacante a su hijo. Pero el cardenal le rog\u00f3 que consintiera en que otro t\u00edo suyo, anciano muy honrado y hermano de su madre, fuese el nuevo obispo; y, como \u00e9l ya era cardenal, le ped\u00eda que lo acompa\u00f1ara a Roma, donde bien podr\u00eda favorecerlo. Don Ill\u00e1n se quej\u00f3 mucho, pero accedi\u00f3 al ruego del nuevo cardenal y parti\u00f3 con \u00e9l hacia la corte romana.<\/p>\n<p>\u00bbCuando all\u00ed llegaron, fueron muy bien recibidos por los cardenales y por la ciudad entera, donde vivieron mucho tiempo. Pero don Ill\u00e1n segu\u00eda rogando casi a diario al cardenal para que diese alg\u00fan beneficio eclesi\u00e1stico a su hijo, cosa que el cardenal excusaba.<\/p>\n<p>\u00bbMuri\u00f3 el papa y todos los cardenales eligieron como nuevo papa a este cardenal del que os hablo. Entonces, don Ill\u00e1n se dirigi\u00f3 al papa y le dijo que ya no pod\u00eda poner m\u00e1s excusas para cumplir lo que le hab\u00eda prometido tanto tiempo atr\u00e1s, contest\u00e1ndole el papa que no le apremiara tanto pues siempre habr\u00eda tiempo y forma de favorecerle. Don Ill\u00e1n empez\u00f3 a quejarse con amargura, record\u00e1ndole tambi\u00e9n las promesas que le hab\u00eda hecho y que nunca hab\u00eda cumplido, y tambi\u00e9n le dijo que ya se lo esperaba desde la primera\u00a0\u00a0 -62-\u00a0\u00a0 vez que hablaron; y que, pues hab\u00eda alcanzado tan alta dignidad y segu\u00eda sin otorgar ning\u00fan privilegio, ya no pod\u00eda esperar de \u00e9l ninguna merced. El papa, cuando oy\u00f3 hablar as\u00ed a don Ill\u00e1n, se enfad\u00f3 mucho y le contest\u00f3 que, si segu\u00eda insistiendo, le har\u00eda encarcelar por hereje y por mago, pues bien sab\u00eda \u00e9l, que era el papa, c\u00f3mo en Toledo todos le ten\u00edan por sabio nigromante y que hab\u00eda practicado la magia durante toda su vida.<\/p>\n<p>\u00bbAl ver don Ill\u00e1n qu\u00e9 pobre recompensa recib\u00eda del papa, a pesar de cuanto hab\u00eda hecho, se despidi\u00f3 de \u00e9l, que ni siquiera le quiso dar comida para el camino. Don Ill\u00e1n, entonces, le dijo al papa que, como no ten\u00eda nada para comer, habr\u00eda de echar mano a las perdices que hab\u00eda mandado asar la noche que \u00e9l lleg\u00f3, y as\u00ed llam\u00f3 a su criada y le mand\u00f3 que asase las perdices.<\/p>\n<p>\u00bbCuando don Ill\u00e1n dijo esto, se encontr\u00f3 el papa en Toledo, como de\u00e1n de Santiago, tal y como estaba cuando all\u00ed lleg\u00f3, siendo tan grande su verg\u00fcenza que no supo qu\u00e9 decir para disculparse. Don Ill\u00e1n lo mir\u00f3 y le dijo que bien pod\u00eda marcharse, pues ya hab\u00eda comprobado lo que pod\u00eda esperar de \u00e9l, y que dar\u00eda por mal empleadas las perdices si lo invitase a comer.<\/p>\n<p>\u00bbY vos, se\u00f1or Conde Lucanor, pues veis que la persona a quien tanto hab\u00e9is ayudado no os lo agradece, no deb\u00e9is esforzaros por \u00e9l ni seguir ayud\u00e1ndole, pues pod\u00e9is esperar el mismo trato que recibi\u00f3 don Ill\u00e1n de aquel de\u00e1n de Santiago.<\/p>\n<p>El conde pens\u00f3 que era este un buen consejo, lo sigui\u00f3 y le fue muy bien.<br \/>\nY como comprendi\u00f3 don Juan que el cuento era bueno, lo mand\u00f3 poner en este libro e hizo los versos, que dicen as\u00ed:<\/p>\n<p><cite style=\"-webkit-font-smoothing: var(--base-aa); font-size: 14px; font-family: Lora, Georgia, serif;\">\u2018Cuanto m\u00e1s alto suba aquel a quien ayud\u00e9is,<\/cite><br style=\"-webkit-font-smoothing: var(--base-aa);\" \/><cite style=\"-webkit-font-smoothing: var(--base-aa); font-size: 14px; font-family: Lora, Georgia, serif;\">menos apoyo os dar\u00e1 cuando lo necesit\u00e9is'\u00bb\u00a0\u00a0<\/cite><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuarto d\u00eda de confinamiento en La Guancha (norte de Tenerife, bajo el Teide); la bruma aguarda tras las cristaleras del sal\u00f3n en este norte fr\u00edo e inconcreto, con el puerto de partida ya olvidado y sin horizonte ni destino. 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