{"id":1526,"date":"2020-04-17T15:27:00","date_gmt":"2020-04-17T15:27:00","guid":{"rendered":"https:\/\/lamoliciedeagullo.com\/?p=1526"},"modified":"2020-04-17T15:27:00","modified_gmt":"2020-04-17T15:27:00","slug":"cronicas-del-confin-en-el-valle-de-la-muerte-reportaje-de-xavier-agullo-1980","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/?p=1526","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas del conf\u00edn: \u201cEn el Valle de la Muerte\u201d (reportaje de Xavier Agull\u00f3, 1980)"},"content":{"rendered":"<p>Trig\u00e9simo cuarto d\u00eda de confinamiento bajo el Teide. Hoy rescato un poderoso reportaje que hice en El Valle de la Muerte (California), de LA a Las Vegas, en 1980, para la revista Primera L\u00ednea (Grupo Zeta). Un <em>on the road<\/em> salvaje\u2026<\/p>\n<p><em>La Guancha. Viernes, 17 de abril de 2020<br \/>\n<\/em>M\u00fasica recomendada: <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=fuZyMx2NXZM\"><strong>Free bird (Lynyrd Skynyrd)<\/strong><\/a><\/p>\n<p><em>Art\u00edculo publicado en Primera L\u00ednea en 1980.<\/em><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Hay veces en que el \u00fanico camino para encontrar la libertad est\u00e1 en la b\u00fasqueda salvaje de la l\u00ednea del horizonte. El medio, 3000 cent\u00edmetros c\u00fabicos distribuidos en seis rugientes y furiosos cilindros.<br \/>\nHarto del glamour y la promiscuidad furtiva de las grandes ciudades, dej\u00e9 Los Angeles para mezclarme con el caliente asfalto de la carretera, como hiciera hace a\u00f1os Jack Kerouac. Mi destino, m\u00e1s all\u00e1 del desierto de Mojave, la <em>lightline<\/em> de Las Vegas. En medio, el infierno incierto del Valle de la Muerte. Mi \u00fanica obsesi\u00f3n, pisar a fondo.<\/p>\n<p>De repente, sin ning\u00fan proceso de reflexi\u00f3n previo, un hombre se da cuenta de que necesita algo m\u00e1s que su vieja habitaci\u00f3n cargada de recuerdos ef\u00edmeros bajo el gastado colch\u00f3n. Algo m\u00e1s, incluso, que este constante ir y venir por el mundo conociendo todas las puertas de atr\u00e1s de los hoteles m\u00e1s infames. Tras quince d\u00edas viviendo el lustre perverso y enigm\u00e1tico de Los Angeles, no tuve ninguna duda. Demasiadas habitaciones vac\u00edas en los \u00faltimos meses. Demasiadas ciudades. Demasiados secretos mal guardados. Demasiadas decepciones. Thelma y Louise, filme que entrev\u00ed en una de estas borracheras absurdas a 11.000 pies de altura, me record\u00f3 una de las pel\u00edculas a las que m\u00e1s culto rend\u00ed a finales de los setentas: Punto l\u00edmite cero, una <em>road movie<\/em> brutal, ultrajante. Sent\u00ed ansias de libertad. Los viejos Canned Heat me lo pusieron m\u00e1s f\u00e1cil aun en un alejado club de Santa Monica cuando liquidaron su actuaci\u00f3n con el legendario <em>On the road again<\/em>. Pens\u00e9 que pod\u00eda morir sin conocer la libertad que ofrece, recta y lejana, la carretera que conduce de Los Angeles a Las Vegas, pasando, claro, por el Valle de la Muerte, fant\u00e1stica tumba de los legendarios 49&#8217;ers. Era tiempo de partir.<\/p>\n<blockquote><p>El sol luce, un tanto desva\u00eddo, en el a\u00fan desierto Sunset Boulevard. Todav\u00eda queda en el aire el aura salvaje del <em>cruising<\/em> de fin de semana. Unos travestis charlan cansinamente y fuman en la puerta de un <em>burger<\/em> desierto&#8230;<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>Los Angeles, 07.16 A.M.<br \/>\n<\/strong>El radio-despertador del Sunset Motel me despierta con las guitarras sucias de Nirvana. La cama, que comparto con una melena rubia descolorida sin cara no huele precisamente a un esp\u00edritu <em>teenager<\/em>. Agarrotado por la mezcla de alcohol y cristal que me met\u00ed la noche anterior en Arena, me levanto como puedo. Al lado, ni un solo movimiento. Entre el estruendo de la radio, oigo unos golpes en la puerta. Es Juan, el fot\u00f3grafo, que no ha fallado con el despertador. O.K., t\u00edo. Quedamos en cinco minutos en el bar. Nos prometieron, por 35 d\u00f3lares, leche y donuts <em>a gogo<\/em>. \u00bfPagu\u00e9 ayer por la mujer que ahora me horroriza en el otro lado del lecho? Ni despu\u00e9s de la ducha puedo recordarlo con exactitud. Sea como fuere, recojo, lleno las bolsas, me enfundo las botas de b\u00fafalo &#8211;\u00bfsabes que en los <em>States<\/em> ya se est\u00e1n comercializando las hamburguesas de b\u00fafalo?&#8211;, un T-shirt con el inequ\u00edvoco mensaje de \u00abFuck\u00bb que me parece la m\u00e1s apropiada, los gastados jeans negros y mi abrigo con cuello de piel de v\u00edbora. Dejo la habitaci\u00f3n, aun caliente de un sexo que, sin embargo, ya est\u00e1 olvidado, y me presento en el bar. En el motel todav\u00eda se huele esta mezcla extra\u00f1a pero demasiado familiar de sudor presuroso y perfume franc\u00e9s usado con demasiada generosidad. Caf\u00e9. En mi ciudad, a miles de kil\u00f3metros de distancia, una mujer est\u00e1 empacando mis cosas. Fue bonito mientras dur\u00f3, creo que dijo. O algo as\u00ed. Necesito carretera. El sol luce, un tanto desva\u00eddo, en el aun desierto Sunset Boulevard. Todav\u00eda queda en el aire el aura salvaje del <em>cruising<\/em> de fin de semana. Unos travestis charlan cansinamente y fuman en la puerta de un <em>burger<\/em> desierto. Entramos en el coche. Es un convertible de seis cilindros, 3000 cent\u00edmetros c\u00fabicos y un potente radio casette. El sol, finalmente, le va a ganar la partida al <em>smog<\/em>. Sintonizo Pirate Radio, la emisora del \u00abnon stop rock and roll\u00bb. Lynyrd Skynyrd empiezan a llenar el ambiente del coche con su \u00abFree bird\u00bb. El viaje no puede comenzar mejor. Por una vez, creo que s\u00ed escog\u00ed el mejor momento para dejar de esnifar pegamento. El primer cigarrillo del d\u00eda. Con el coche descapotado al cielo de Los Angeles, giro por la Western y entro en la <em>freeway<\/em>. Ya estamos en camino. Juan aun duerme.<\/p>\n<p><strong><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1530\" src=\"https:\/\/lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-Muerte-3.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"560\" srcset=\"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-Muerte-3.jpg 1000w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-Muerte-3-300x168.jpg 300w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-Muerte-3-768x430.jpg 768w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-Muerte-3-175x98.jpg 175w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-Muerte-3-450x252.jpg 450w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/>Freeway 101, 08.30 A.M.<br \/>\n<\/strong>El aire es fresco pero el sol cae ya con cierta fuerza sobre el rojo tapizado del carro, que propulso, mientras Juan va despertando de una noche demasiado movida, a 90 millas por hora. Si me cruzo con la polic\u00eda, pringar\u00e9. Las ciudades de Los Angeles van pasando, veloces, mientras el perfil polucionado del <em>skyline<\/em> del Downtown se desdibuja en el retrovisor. Los Angeles es una metr\u00f3polis eterna en el espacio: L.A., San Gabriel, El Monte, West Covina, Pomona&#8230; Gary Moore atrona desde los bafles. \u00abVeo tu cara en las nubes, chica\u00bb. No hay nubes en el cielo. Solo unos cirros hiperrealistas se trazan en el horizonte, poblado todav\u00eda de material urbano. Anoche so\u00f1\u00e9 que lo hac\u00eda con ella encima de la mesa de un billar, mientras los clientes del bar apostaban en extra\u00f1as m\u00e1quinas. Creo que la apuesta era yo. Pero ella ya no est\u00e1, o est\u00e1 con otro, y mi apuesta es contra el asfalto. Entramos en la 10, que pronto, en su empalme con la 15 Norte, nos adentrar\u00e1 en el dilatado desierto de Mojave, previo pase por el parque de San Bernardino. Juan compara la soledad que empieza a adue\u00f1arse del paisaje que bordea la carretera con la que sinti\u00f3 con su primera mujer en una playa del norte de Argentina. \u00ab\u00cdbamos desnudos todo el d\u00eda\u00bb, recuerda con mirada enso\u00f1adora. Debe ser el calor, que ya es sofocante.<\/p>\n<p><strong>Summit Inn, 10.30 A.M.<br \/>\n<\/strong>Hemos dejado atr\u00e1s unos carteles que indican Las vegas, 216 millas, y hemos salido de la <em>highway<\/em> para tomar el primer caf\u00e9 en ruta. Summit Inn. Los anuncios de ne\u00f3n proclaman el mejor <em>hillbilly burger<\/em> &#8211;con pan de ajo y patatas&#8211;, pero Juan y yo nos decidimos por un caf\u00e9 aguado y una jodida Budweiser. Hay que empezar a darse marcha. La carretera se exhibe, con espejismos de calor al fondo, demasiado larga. Volvemos al coche. A los lados de la carretera el desierto ya no nos abandona. S\u00f3lo algunos coches abandonados y peque\u00f1os n\u00facleos de <em>motorhouses<\/em> brillantes salpican de color el escenario de desolaci\u00f3n infinita que se extiende a norte y sur. Son los restos polvorientos de libertades y destinos ya olvidados. \u00bfC\u00f3mo se deb\u00edan sentir los primeros en atravesar el mortal desierto de Mojave? Muchos murieron en el intento. Ahora, sin embargo, los postes de auxilio, cada milla, aseguran al viajero una asistencia inmediata en caso de fallo o accidente. Es curioso, nadie hace auto stop. La 15 Norte pertenece a los coches. Mis pensamientos, como la propia carretera, se pierden en un horizonte vibrante por las volutas de calor, que se levantan del asfalto recalentado por un sol que no entiende de sentimientos. El sol y el desierto son los grandes niveladores. Hacen que el tiempo se detenga en tu coco. \u00bfQu\u00e9 importancia puede tener el hijo de puta que est\u00e1 intentando joderte en el trabajo hablando mal de ti para conseguir la limosna de un ascenso rid\u00edculo? \u00bfQu\u00e9 importa que una mujer desaparezca con un bot\u00edn de recuerdos compartidos? El futuro est\u00e1 aqu\u00ed mismo, m\u00e1s all\u00e1 de la pr\u00f3xima loma. Acelero. Acelero m\u00e1s. Juan ni se inmuta. \u00abTengo una mujer, ahora mismo, ocupando mi cama, y no s\u00e9 si estar\u00e1 all\u00ed cuando regrese\u00bb, comenta desganadamente.<\/p>\n<figure id=\"attachment_1533\" aria-describedby=\"caption-attachment-1533\" style=\"width: 1280px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-1533\" src=\"https:\/\/lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage.jpg\" alt=\"Museo de Roy Rogers. \" width=\"1280\" height=\"720\" srcset=\"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage.jpg 1280w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage-300x169.jpg 300w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage-768x432.jpg 768w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage-175x98.jpg 175w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage-450x253.jpg 450w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Roy-Collage-1170x658.jpg 1170w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1533\" class=\"wp-caption-text\">Museo de Roy Rogers.<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>Roy Rogers Museum, Mojave Drive, 13.15 P.M.<br \/>\n<\/strong>Veo un fort\u00edn, como el de los viejos westerns, a la izquierda de la carretera. Freno con precipitaci\u00f3n y salgo de la <em>highway<\/em>. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1?, nos preguntamos. Vamos detr\u00e1s de un gigantesco <em>truck<\/em>-cisterna totalmente metalizado. Juan, alucinado, se sienta en el respaldo del asiento y empieza a tirar fotos. Hasta que paramos en la estaci\u00f3n de servicio de Mojave Drive. Juan sigue con las fotos. El conductor se acerca a m\u00ed. Me dice que es una l\u00e1stima que veamos el cami\u00f3n as\u00ed. \u00abHace una semana, no, diez d\u00edas que no lo limpio\u00bb. \u00a1T\u00edo, esto es una locura, el jodido cami\u00f3n es lo m\u00e1s brillante que he visto en mi vida! Nos metemos por un camino de tierra que parece nos va a llevar directamente, a trav\u00e9s de los cactus, al sorprendente fort\u00edn. \u00a1Es el museo de Roy Rogers! No me lo puedo ni creer, por fin podr\u00e9 ver en directo el color de las camisas del que fue, sin duda, el \u00faltimo cowboy. Y sus sillas de montar. Y&#8230; Pagamos los 8 d\u00f3lares de la entrada junto a una pareja de viejos que parecen surgidos de una comedia de los cincuentas. Este museo est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del <em>kitsch<\/em>: sus fotos &#8211;sus hijos aprendiendo a caminar, su mujer montando a caballo, recibiendo regalos de actores famosos, sus hijos ya mayores&#8211;, sus relojes, sus famosos caballos disecados, sus objetos de uso personal, su soberbia y desproporcionada colecci\u00f3n de botas de fantas\u00eda, sus camisas &#8211;\u00a1qu\u00e9 colores!&#8211;, su incre\u00edble colecci\u00f3n de armas de fuego &#8211;con pistolas de colores y un winchester regalado por Clark Gable&#8211;, sus trofeos de caza, sus sillas de montar de pl\u00e1stico&#8230; Roy Rogers no perdi\u00f3 el tiempo en su vida. Y, al final, su coche. Lo veo y no lo creo. Es un Cadillac con el interior completamente repujado en cuero y decorado con la m\u00e1s brillante e ins\u00f3lita colecci\u00f3n de armas jam\u00e1s vista. Las manecillas de las puertas, los embellecedores, los mandos del salpicadero&#8230; todo, hecho con colts a tama\u00f1o. Para abrir el capo, un rifle de repetici\u00f3n. Es el resumen de una vida plena. Quiz\u00e1s, pienso mientras observo las horteradas que venden en la tienda de souvenirs, todo en la vida se trate de montar un personaje y meterse en la pel\u00edcula. Quiz\u00e1s no hay nada m\u00e1s adelante para descubrir. Quiz\u00e1s todo lo que debamos descubrir est\u00e9 en nuestro interior. Quiz\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p><strong>Lenwood, 14.05 P.M.<br \/>\n<\/strong>El desierto de Mojave ofrece, aparte el Museo, poca cosa al <em>roadrunner<\/em>. Velocidad, aire caliente y una vaga promesa de libertad m\u00e1s all\u00e1 de la \u00faltima y rara curva. Seguimos en un entorno de matorrales, rocas calcinadas y sol cegador. Y llegamos a Lenwood, un cruce de caminos ocupado por todas las cadenas de hamburgueser\u00edas americanas y un par de gasolineras. Es tiempo de comer. Entramos en uno de los locales y ordenamos hamburguesas y chile. La camarera, una treinta\u00f1era poco agraciada pero muy simp\u00e1tica, me pregunta si mi abrigo es de lagarto. De serpiente, de serpiente. Me dice que si se lo vendo. No, contesto, me gusta la v\u00edbora. Yo soy un poco serpiente, acabo por espetarle. Noto que me sigue mirando. Pagamos y nos vamos.<\/p>\n<p><strong><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1534\" src=\"https:\/\/lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1080\" srcset=\"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage.jpg 1920w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage-300x169.jpg 300w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage-768x432.jpg 768w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage-175x98.jpg 175w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage-450x253.jpg 450w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Valle-collage-1170x658.jpg 1170w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/>Calico Ghost Town, 16.00 P.M.<br \/>\n<\/strong>Esta ciudad fantasma prefabricada encima de la aut\u00e9ntica es el \u00fanico lugar que, previamente al viaje, nos han dicho que debemos visitar. El desv\u00edo, polvoriento, nos conduce hacia unas monta\u00f1as rojizas donde un cartel pintado en blanco sobre las rocas anuncia la ubicaci\u00f3n del lugar. Se trata de una antigua ciudad minera abandonada hace unos 100 a\u00f1os. Pero, maldici\u00f3n, un millonario de pocas luces se dedic\u00f3 a reconstruir la vieja ciudad. Todo huele a nuevo. A pl\u00e1stico y maderas reci\u00e9n cortadas. A souvenirs manufacturados en Hong Kong. Hasta las piedras son nuevas. Y hemos pagado 10 d\u00f3lares por la broma. Regresamos, mosqueados, a la carretera. Los Estados Unidos han creado una nueva realidad cuyo paradigma es Disneylandia. Los aut\u00e9ntico no es lo aut\u00e9ntico; lo aut\u00e9ntico es lo que parece que es aut\u00e9ntico. La realidad se debe parecer a nuestros sue\u00f1os, fabricados en las factor\u00edas de Hollywood. La hierba debe ser m\u00e1s verde que la natural, los animales, de cart\u00f3n piedra, y las ciudades fantasmas, limpias, relucientes y bien se\u00f1alizadas. Si no, nadie se lo creer\u00eda. No me lo creo.<\/p>\n<p><strong>Baker, 17.15 P.M.<br \/>\n<\/strong>Hemos llegado a Baker, peque\u00f1o pueblo en donde inicia su camino la carretera 127, la que nos llevar\u00e1 directamente al Valle de la Muerte. Llenamos el tanque. Nunca se sabe. La 127 es una carretera solitaria, flanqueda por un viento que desdibuja las monta\u00f1as del fondo con su violencia inusitada. Pasamos por un aer\u00f3dromo que exhibe, solitaria, una avioneta borrosa. A partir de aqu\u00ed, la circulaci\u00f3n desparece. Somos nosotros, Juan y yo, el coche y la carretera. El sol se est\u00e1 poniendo y el frio desolado se empieza a colar por el interior del convertible. Vuelvo a pensar en esta mujer y en esta vida que ya no voy a tener. Pero sin tristeza. S\u00e9 que m\u00e1s all\u00e1 de las monta\u00f1as no s\u00f3lo est\u00e1 el Valle de la Muerte. Siento que, estando en un cruce de caminos, voy a saber qu\u00e9 direcci\u00f3n tomar. Seguro. Algo grande est\u00e1 por venir. En Soshonee, en el Crow Bar &#8211;un local lleno de cervezas, billares y clientes ausentes en la barra&#8211;, Juan adquiere una botella de licor de cerezas. \u00a1Que jodida bebida esta! Dulce, pegajosa, pero viciosa hasta la borrachera. esto cada vez se pone mejor. Oscuridad.<\/p>\n<p><strong><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1535\" src=\"https:\/\/lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Furnace.jpg\" alt=\"\" width=\"663\" height=\"236\" srcset=\"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Furnace.jpg 663w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Furnace-300x107.jpg 300w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Furnace-175x62.jpg 175w, https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/Furnace-450x160.jpg 450w\" sizes=\"(max-width: 663px) 100vw, 663px\" \/>Death Valley Junction, 20.00 P.M.<br \/>\n<\/strong>Nos han advertido que durmamos aqu\u00ed. Sale mejor de precio que en el Valle de la Muerte, donde el \u00fanico hotel resulta ser de lujo tropical. Lo que son las cosas. Y tras el tremendo pulso que hemos forzado el Chrysler y yo, estoy cansado. Y, como Juan, borracho del maldito licor. Estamos ante el Amargosa Hotel. Nos atiende un chaval pelirrojo de no m\u00e1s de 18 a\u00f1os. \u00abHay que pagar por adelantado, 80 d\u00f3lares la doble con ba\u00f1o\u00bb, dispara. Pago. No hay nadie para llevar las maletas. \u00abAqu\u00ed, al borde del Valle de la Muerte, no se vive mal. No hay marcha, pero queda mucho tiempo para estudiar, y ya tendr\u00e9 tiempo. Adem\u00e1s, esta es una ciudad libre de drogas\u00bb, me vende el chico. Palpo con mis dedos la bolsa con hongos alucin\u00f3genos que compr\u00e9 en Los Angeles a un mexicano con descaro. Ma\u00f1ana alucinar\u00e9 en el Valle con las setas.<\/p>\n<p>Vamos a cenar al \u00fanico lugar practicable, a tres millas, pocos metros m\u00e1s all\u00e1 de la frontera entre California y Nevada. Es el Stateline Saloon, claro. En el bar, lleno de tragaperras &#8211;estamos en Nevada&#8211;, hay una fant\u00e1stica e inquietante colecci\u00f3n de gorras de baseball. Y un <em>juke box<\/em>. Y un sal\u00f3n que, en mejores tiempos, conoci\u00f3 el brillo de la m\u00fasica country en directo. Creo que es el sitio donde, los s\u00e1bados, se puede pillar lo poco que debe haber en el lugar. La vieja es agradable, y nos hace una pizza que me va a ocasionar una de las peores pesadillas estomacales que recuerdo. Meto unos <em>dimes<\/em> en la m\u00e1quina para que suenen Lynyrd Skynyrd. Dos viejos desdentados, los \u00fanicos ocupantes de la larga barra, r\u00eden.<\/p>\n<p><strong>Death Valley Junction, 07.30 A.M.<br \/>\n<\/strong>El tipo del hotel se pas\u00f3 con nosotros. No hay ducha. En la ba\u00f1era, me retuerzo para conseguir mojarme con el chorrito que sale del grifo. Ya en el bar, nos lo hacemos con caf\u00e9 y magdalenas. Y me como los hongos. La cosa promete. Dejamos atr\u00e1s el ominoso Amargosa Hotel, ponemos gasolina sin plomo al lado del Stateline y embocamos a 100 millas por hora la 190, directamente hacia el Death Valley. No hay nadie a la vista. El Valle de la Muerte es una loca disputa entre el infierno y el para\u00edso, entre la esterilidad p\u00e9trea y la magnificencia de sus paisajes prehist\u00f3ricos, casi marcianos. El coche descapotado, mis <em>ray ban<\/em>, el sudor y el sol cegador son nuestros \u00fanicos compa\u00f1eros en la velocidad y la desolaci\u00f3n. Llegamos a Zabriskie Point, s\u00ed, a Zabriskie Point, y los hongos empiezan a subir, perezosos, hacia mi cerebro. Desde el mirador, las monta\u00f1as torturadas por mil movimientos geol\u00f3gicos se envuelven sobre ellas mismas y se arrugan grotescamente en mil tonos de ocre. Es fant\u00e1stico. \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00eda si me desnudara y corriese hacia los ca\u00f1ones que se retuercen entre el estallido colorista de Zabriskie?<\/p>\n<blockquote><p>Conducimos salvajemente mientras Guns &amp; Roses chillan desde el radio casette que quieren volver a la tierra donde la hierba es verde y las chicas bonitas. Y yo quiero volver a casa. A alguna casa&#8230;<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>Furnace Creek, 10.15 A.M.<br \/>\n<\/strong>Estamos en el centro del Valle de la Muerte y en el centro del ceboll\u00f3n de los hongos. Furnace Creek es el oasis dentro del desierto. Artificial, claro, como todo. Un hotel de lujo, restaurantes, bares, campo de golf&#8230; Y una cabina telef\u00f3nica al lado mismo de la bien asfaltada carretera. No quiero ver palmeras. El coche, sin saber c\u00f3mo, se ha puesto al m\u00e1ximo de su poderoso motor. Paramos en mitad de una llanura infinita. Queremos caminar bajo el sol. Pisamos el b\u00f3rax con nuestras botas. Hay b\u00f3rax por todas partes. Los 49&#8217;ers, en busca de oro en 1949, pasaron y sufrieron y murieron en este valle desierto sin saber que bajo sus pies se escond\u00eda la riqueza. El crepitar del b\u00f3rax milenario bajo la suela de las botas es el \u00fanico sonido que rompe el opresor silencio guardado por la mole monta\u00f1osa que bordea el Valle. Conducimos salvajemente mientras Guns &amp; Roses chillan desde el radio casette que quieren volver a la tierra donde la hierba es verde y las chicas bonitas. Y yo quiero volver a casa. A alguna casa. Hemos llegado a las dunas de Mesquite Flat, no lejos de las Grapevine Mountains. Ese es el desierto puro y duro. Mientras Juan se pierde con sus m\u00e1quinas m\u00e1s all\u00e1 de las onduladas arenas, me quedo en el coche, sudando, mojado, recalentado por un sol que ha pasado de ser injusto a ser voluptuoso. Quiz\u00e1s los hongos&#8230; No hay agua, y los restos del licor de cerezas han resecado mi boca. Pasan los minutos, acaso las horas, y el ojo llameante que cuelga del cielo brutalmente azul me mira cada vez m\u00e1s opulentamente. Yo ya no soy yo. Soy sudor, soy fuego, soy sol. Soy desierto calcinado. Si esto es el infierno, no est\u00e1 mal. Pero me estoy quemando literalmente. Juan vuelve con la mirada perdida. Regresamos a Furnace Creek. Comemos. La camarera es una gordita llena de morbo que le rebosa desde el sugerente escote. Y ya en la bajada de los hongos, volvemos a golpear la carretera.<\/p>\n<p><strong>Devil&#8217;s Golf Courses, 16.15 P.M.<br \/>\n<\/strong>El Valle de la Muerte est\u00e1 lleno de lugares ins\u00f3litos, alucinantes. Como los Campos de golf del diablo, una especie de mar eterno hecho con los milenios a partir de agua, sal, viento y lluvia. O como las salinas chatas y especulares del punto m\u00e1s bajo del hemisferio norte &#8211;86 metros bajo el nivel del mar. O como la est\u00e9ril ilusi\u00f3n del Twenty Mule Team Canyon. O el Red Wall Canyon, o el Titus Canyon, o el Mosaic Canyon, o el Golden Canyon, o el espantoso Ubehebe Crater, o&#8230; A la puesta del sol, salimos de este lugar de espejismos reales: las Vegas nos espera esta misma noche.<\/p>\n<p><strong>Cathrop Wells, 19.45 P.M.<br \/>\n<\/strong>Estamos ya en camino hacia la ciudad de los neones. Los pueblos van pasando, veloces, fuera de las ventanillas del coche: Indian Springs, Paiutee Reservation&#8230; Las Vegas. Es noche cerrada cuando aparece, de repente, la famosa <em>lightline<\/em> de la capital mundial del juego. Qui\u00e9n sabe, quiz\u00e1s esta noche podamos comprar nuestra libertad en las m\u00e1quinas tragaperras del Mirage.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Trig\u00e9simo cuarto d\u00eda de confinamiento bajo el Teide. Hoy rescato un poderoso reportaje que hice en El Valle de la Muerte (California), de LA a Las Vegas, en 1980, para la revista Primera L\u00ednea (Grupo Zeta). Un on the road salvaje\u2026 La Guancha. Viernes, 17 de abril de 2020 M\u00fasica recomendada: Free bird (Lynyrd Skynyrd) <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1528,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[24],"tags":[163,128,62,171,170,28,161,165,130,114,33,142,169,162,166,164,167,168,32],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1526"}],"collection":[{"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1526"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1526\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1536,"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1526\/revisions\/1536"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1528"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1526"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1526"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1526"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}