{"id":1547,"date":"2020-04-20T10:48:05","date_gmt":"2020-04-20T10:48:05","guid":{"rendered":"https:\/\/lamoliciedeagullo.com\/?p=1547"},"modified":"2020-04-20T10:48:05","modified_gmt":"2020-04-20T10:48:05","slug":"cronicas-del-confin-aquel-maldito-metro-xavier-agullo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/test.lamoliciedeagullo.com\/?p=1547","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas del conf\u00edn: \u201cAquel maldito metro\u201d (Xavier Agull\u00f3)"},"content":{"rendered":"<p>Trig\u00e9simo s\u00e9ptimo d\u00eda de confinamiento bajo el Teide. Aqu\u00ed os dejo una pesadilla que hace a\u00f1os convert\u00ed en cuento\u2026 Aunque nunca se sabe\u2026<\/p>\n<p><em>La Guancha. Lunes, 20 de abril de 2020<br \/>\n<\/em>M\u00fasica recomendada: <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=O52jAYa4Pm8\"><strong>Psycho killer (Talking Heads)<\/strong><\/a><\/p>\n<p>&#8230;El fragor del traqueteo le restallaba en las sienes, mojadas de helado sudor; sent\u00eda el v\u00e9rtigo de la velocidad en su est\u00f3mago y sab\u00eda que el brutal choque no tardar\u00eda en llegar. Terror. Se vio desmembrado, reventado, convertido en una pulpa sanguinolenta entre los restos del metal retorcido. El vag\u00f3n de su metro, sin control, iba lanzado en una carrera infernal hacia Montbau, y de all\u00ed a la desintegraci\u00f3n contra el muro terminal. Pasaron, con un vibrante flash de luz, las \u00faltimas estaciones: Vallcarca, Penitents, Vall d&#8217;Hebron&#8230; Desesperado, con el coraz\u00f3n al borde del colapso, se apret\u00f3 a su cartera y grit\u00f3, grit\u00f3&#8230;<\/p>\n<p>Su alarido se confundi\u00f3 con los chillidos de fingida alegr\u00eda que soltaba, imp\u00fadicamente, el locutor desde la estridente radio-despertador. Estaba sudando; empapado. Taquicardia. Domingo, cinco y media de la ma\u00f1ana. Otra vez aquella pesadilla perversa. Aquel maldito metro frecuentaba, desde hac\u00eda unas semanas, sus m\u00e1s espantosos sue\u00f1os. Aunque nadie le hab\u00eda cre\u00eddo, ni su novia, ni sus compa\u00f1eros de trabajo, ni incluso su madre, \u00e9l estaba convencido de que aquel vag\u00f3n, el de cada ma\u00f1ana, ten\u00eda una especie de vida siniestra y quer\u00eda asesinarlo. Todos se re\u00edan cuando lo contaba. El mismo, despu\u00e9s de descartar la locura, disimulaba y apartaba la idea de su mente. Pero ten\u00eda tantos indicios&#8230; Con las piernas a\u00fan tembl\u00e1ndole y sus pensamientos fundi\u00e9ndose en negro, se duch\u00f3, tom\u00f3 un nescaf\u00e9, pill\u00f3 la cartera, sali\u00f3 de su casa y penetr\u00f3 en la noche camino a la boca del metro. Catalunya.<\/p>\n<p>Todo hab\u00eda empezado banal, est\u00fapidamente. Primero fue una puerta que se cerraba en sus narices antes que las del resto del vag\u00f3n, haci\u00e9ndole llegar tarde al trabajo. Despu\u00e9s, una mano atrapada por sorpresa en la puerta. O un pie. Nada del otro mundo si no fuese por aquella sensaci\u00f3n ominosa, sorda, que recib\u00eda de la misma esencia del tren. De acuerdo, \u00e9l odiaba profundamente aquel convoy, el primero de la ma\u00f1ana, el suyo, el que cada d\u00eda le llevaba al trabajo. Casi no pod\u00eda soportarlo. All\u00ed dejaba, entre apretujones sudorosos, los \u00faltimos jirones de sus sue\u00f1os; all\u00ed perd\u00eda, entre miradas vac\u00edas, las \u00faltimas esperanzas, los \u00faltimos deseos. El maldito metro le devolv\u00eda a la anodina realidad de la que s\u00f3lo escapaba durante su breve sue\u00f1o. Cuando las puertas se cerraban tras \u00e9l, desparec\u00edan definitivamente las locas fantas\u00edas que todav\u00eda acariciaba con el frescor urbano de la madrugada, en el solitario camino entre su casa y la estaci\u00f3n. Si hubiese podido, habr\u00eda volado aquel metro. El infame 2506.<\/p>\n<blockquote><p>Odiaba trabajar. Odiaba much\u00edsimo trabajar en domingo. Y lo peor, otra vez aquel siniestro vag\u00f3n. Lo oy\u00f3 venir por el t\u00fanel, con ese ruido cansino que decoraba siempre su espera.<\/p><\/blockquote>\n<p>Tuvo la certeza de todo dos semanas atr\u00e1s, cuando qued\u00f3 atrapado en la puerta: dentro, una masa de carne le imped\u00eda el movimiento; en su est\u00f3mago, la m\u00f3rbida y firme dentellada de las gomas protectoras. Se salv\u00f3 con un movimiento fren\u00e9tico en el \u00faltimo momento, cuando el final del and\u00e9n ya se precipitaba contra su cuerpo, medio colgado en el vac\u00edo. Le pareci\u00f3 escuchar una risa salvaje, obscena.<\/p>\n<p>Sin darse cuenta, entre morbosos pensamientos, se sorprendi\u00f3 en el viejo and\u00e9n, completamente vac\u00edo. Madrugada del domingo. \u00bfPor qu\u00e9 le hab\u00eda cambiado el turno a su compa\u00f1ero? Odiaba trabajar. Odiaba much\u00edsimo trabajar en domingo. Y lo peor, otra vez aquel siniestro vag\u00f3n. Lo oy\u00f3 venir por el t\u00fanel, con ese ruido cansino que decoraba siempre su espera. Con un chirrido met\u00e1lico, fren\u00f3 a la vez que se abr\u00edan sus puertas. Nadie. Entr\u00f3 y se acomod\u00f3 en uno de los asientos. Por lo menos, disfrutaba de todo el vag\u00f3n para \u00e9l. De repente, mientras el metro aceleraba y entraba en el t\u00fanel, advirti\u00f3 que, pero no, no pod\u00eda ser&#8230; Y, sin embargo, no recordaba haber visto al conductor. No, deb\u00eda estar distra\u00eddo. El tren iba ganando velocidad progresivamente y, aunque instintivamente se cogi\u00f3 a la barra para contrarrestar la frenada, la siguiente estaci\u00f3n pas\u00f3 como una exhalaci\u00f3n ante sus ojos. \u00a1No hab\u00eda parado en Paseo de Gracia! Not\u00f3 la camisa pegada al cuerpo. Claro, no hab\u00eda nadie esperando y el conductor hab\u00eda decidido seguir adelante. Seguro. \u00bfSeguro?<\/p>\n<p>La velocidad segu\u00eda aumentando. Sinti\u00f3 las primeras gotitas de sudor en la frente. Cuando atravesaron Diagonal a toda marcha, ya ten\u00eda la garganta completamente seca. El traqueteo empez\u00f3 a ser anormal. Jam\u00e1s hab\u00eda ido tan r\u00e1pido. En Fontana tampoco par\u00f3. Ni en Lesseps. Un extra\u00f1o frenes\u00ed le agarrot\u00f3 las manos, que se apretaban compulsivamente a la cartera. Ya no pod\u00eda distinguir los carteles de las estaciones, tan acelerado iba el tren, aunque las sab\u00eda de memoria: Vallcarca, Penitents&#8230; Cuando dejaron atr\u00e1s Vall d&#8217;Hebron supo que iba a morir aplastado, machacado contra el muro de la estaci\u00f3n t\u00e9rmino. Aterrado, pegajoso de sudor, con los ojos desorbitados y el coraz\u00f3n echando chispas, no pudo ni gritar.<br \/>\nY ni tan siquiera sinti\u00f3 la fant\u00e1stica colisi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Trig\u00e9simo s\u00e9ptimo d\u00eda de confinamiento bajo el Teide. 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