Author

Xavier Agulló

Browsing

Es la última noche, y en el querido asador Portuetxe, lugar fetiche de grand finale culinario para los Gastronomika, se huele el fantástico cansancio, pero se celebra también un futuro esculpido a base de ilusión aristotélica, de la potencia al acto. Benja, Iñigo, Félix, Roser, Isabel, Javier, el equipo entero, brilla entre los deliciosos «pelayos» y las chuletas ubérrimas. Lo sabemos todos ahora: ya nada volverá a ser igual en los congresos gastronómicos. Gastronomika ha demostrado que hay nuevos caminos, nuevos recodos, nuevas bifurcaciones. A lo largo de cinco días de provocadora intensidad, hemos abierto vías que hasta hace poco desconocíamos, tanto en formatos como en horizontes. Y hemos mostrado al mundo (103 países) que, malgré tout, el futuro ya está aquí.

Pero tras la vorágine, este fin de semana necesito un hotel en el Sur, descansar mis huesos y reflexionar el vértigo en una king size con vistas al Atlántico. Alcalá (Tenerife) es una buena idea, y me permitirá, además, descubrir el restaurante Bésame Mucho, en el beach club de los hermanos Cabrera (Grupo Monkey) en la Playa de las Américas…

Música recomendada: Bad case of loving you (Robert Palmer)

Conozco a los hermanos Cabrera –Carlos y Javier– desde haca ya unos años. He transitado gozosamente por sus restaurantes, esa virtuosa mixtura de calidad culinaria, visión comercial y atmósfera fashion que tantos buscan y tan pocos encuentran (y menos mantienen). Ellos, sin embargo, nunca han bajado el pistón. Gourmets militantes, apasionados del mar y la pesca y con una alta conciencia sostenible, han abierto a pesar de la pandemia su último restaurante, una larga y penosa lucha administrativa que por fin regala no vistas al mar, sino el propio mar, justo sobre la playa de Troya, en la Playa de las Américas. Ubicado en la planta superior de su muy trendie beach club, el Bésame Mucho es un restaurante para vivir la experiencia atlántica (y mediterránea) en toda su luminosidad.

El restaurante. Comedor. Caviar. Restaurante Bésame Mucho. Playa de las Américas. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.
El restaurante. Comedor. Caviar. Restaurante Bésame Mucho. Playa de las Américas. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.

Aquí no hay esquinas. El mar es la propia decoración -de un lado a otro y más allá, hasta La Gomera- del comedor, que recibe al comensal con una restallante vitrina (la barra de pase de la cocina, totalmente abierta) donde se disfruta “en diferido” del producto del día. Túnidos, ostras, carabineros, cangrejo real, pargo… Cada día es distinto, según el humor de las mareas. Luz y más luz. Y lujos para empezar: “la tostada del beso”, un pan de masa madre con mantequilla clarificada, toque josper y caviar Zar Imperial, marca propia de los dos hermanos. Es la entrada a su universo…

Buscando siempre la diferenciación, pero sin esquivar munificencias, se empieza con un peto (pseudotúnido que se pesca todavía al arpón) ahumado y macerado en miel de palma por un artesano de La Gomera, denso y sabroso gracias al tratamiento. Y se sigue, volviendo al luxe clásico, con unas patas de cangrejo real al natural que descubren todas las sutilezas árticas. Y nosotros, bajo las palmeras…

Peto. Lubina. Tarta. Delicioso vino de La Palma. Restaurante Bésame Mucho. Plya de las Américas. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.
Peto. Lubina. Tarta. Delicioso vino de La Palma. Restaurante Bésame Mucho. Plya de las Américas. Tenerife. Fotos: Xavier Agulló.

Hay pescados donde escoger, pero hoy vamos a checar una vez más la espléndida lubina de Aquanaria (acuicultura de alto copete en Gran Canaria que se puede encontrar en algunos de los mejores restaurantes de España), sólo a la brasa, con papas yema de huevo y extraordinarios mojos, servida comme il faut en gueridón y con una cocción exacta.

La tarta de queso, inspirada en La Viña y Zuberoa, es el remate a este menú (hemos evitado los arroces, que serán motivo singular de otra visita) de rara honestidad pensado para el placer desde todos los sentidos.
Luego, más champagne hasta que se pierda el crepúsculo…

Bésame Mucho
Avenida Rafael Puig 3

Playa de Troya – Playa de las Américas (Tenerife)
Tel: 922790656
Cierra el martes
Precio medio: 50 €

Nota fundamental: todas las ponencias de SSG20 están disponibles en sansebastiangastronomika.com

Último día del congreso que ha empezado a cambiarlo todo. Último día “de luces” con Ferran Adrià, José Andrés, Joan Roca, Martín Berasategui… y la “ponencia” de Bittor Arguinzoniz (en vivo su servicio desde la “sala de máquinas” de Etxebarri), que, junto a la de Eneko Atxa, en formato similar en Azurmendi, han sido la gran sorpresa por su innovador “directo” sin trampas ni artificios, en la cocina y a pelo con el restaurante lleno. Último día también con una extraordinaria comida en el Amelia (en el muy encantador hotel Villa Favorita) de Paulo Airaudo

Música recomendada: No place to go (Embryo featuring Charlie Mariano)

Lo que empezó siendo una comida a tres bandas en el Amelia -Paulo, Luchini y yo- acabó, como debimos haber sospechado, en una reunión en la barra del restaurante de casi todos los periodistas presentes en el congreso. Ningún problema. El equipo (en la cocina absolutamente panorámica y vista) funciona, bajo la suave dirección de Paulo, como un Patek Philippe de culto. Suave el “ballet” de los cocineros y la sala (destaco a Irati, hija de una vieja amiga, Rosa), pero vehemente el lenguaje culinario y de alta elocuencia organoléptica las elaboraciones. Paulo, que juega en el tablero de las colisiones y los impactos, siempre con estrategias de intensos equilibrios, ha conseguido en este menú recrear (desatar) prácticamente sin fisuras el verdadero hedonismo. Disfrute directo pero apoyado en cultas complejidades, desparpajo técnico y gusto exquisitamente cosmopolita. La bomba, vamos.

Restaurante Amelia. San Sebastián. Fotos: Xavier Agulló.
Restaurante Amelia. San Sebastián. Fotos: Xavier Agulló.

Voy al tema, porque quiero revivirlo ya… Guanciale con hongos y una sutil vinagreta. Deslumbrante txangurro con huevas de trucha. Zamburiña cruda (textura inexplicable) con vainilla (acaso en exceso). Chanwanmushi (flan de huevo y dashi) de abalón braseado en OCCO (un tacto muy diferente al habitual en este molusco) con jugo de cebolla y el hígado del marisco. Boletus a la brasa con huevas de bacalao ahumadas. Chicharro con jugo de hinojos picante y ahumado, esencias de cabeza de gambón. Cappelletti rellenos de taleggio con consomé de tupinambo y tartufo, ejercicio de limpieza y erotismos al que reputo como “gran hit”.

Restaurante Amelia. San Sebastián. Fotos: Xavier Agulló.
Restaurante Amelia. San Sebastián. Fotos: Xavier Agulló.

Corte: grasa de chuleta ahumada y montada con pan de patata, versión “Airaudo” del pan con mantequilla. Sigue, Paulo… Rodaballo a la parrilla con mejillones y beurre blanc de sake. Irremediable enamoramiento. Risotto (vialone y venere suflado) radical de cigala y chistorra con wasabi fresco (Montseny) y chile encurtido. Grandioso rape de perfecto confitado con salsa XO y bagna cauda, trompetas de la muerte. Estricta codorniz rellena con foie gras y humita.
No tuve tiempo de quesos ni postres; pero no descubro nada si aseguro que volveré a por más.

Nota fundamental: todas las ponencias de SSG20 están disponibles en sansebastiangastronomika.com

Tras un miércoles insólito con la vindicación de las “cocinas negras” (Black cuisines matter), en el que la colombiana Maura de Caldas, 82 años y 37 hermanos, nos mostró, con grupo musical en directo, la exasperante riqueza de los mariscos del Pacífico; Selassie Atadika, desde Ghana, anunció la revolución de la Nueva Cocina Africana, suma de gastronomía ancestral, visión contemporánea, productos provocativos y agitación social; Pierre Thiam nos llevó a sus sabores de Senegal desde California; y JJ Johnson flirteó con las recetas cajun de Louisiana desde Nueva York, entre otras ponencias irresistibles (Arzak, Alija o Berasategui) y la cena de los nuevos valores de Euskadi (Galerna y Arraunlari Berri), el jueves nos arrastró a los grandes sabores vascos, desde la taxonomía del Cantábrico (Elkano) a los juegos vanguardistas de Pedro Subijana (celebración del 50 Aniversario de Akelare).

Música recomendada: Nous pas bouger (Salif Keita featuring L Skadrille)

Selassie Atadika. Maura de Caldas. Pierre Thiam. JJ Johnson. San Sebastian Gastronomika. San Sebastián.
Selassie Atadika. Maura de Caldas. Pierre Thiam. JJ Johnson. San Sebastian Gastronomika. San Sebastián.

Cuando uno piensa en Elkano o en Aitor Arregui, se aparece al instante el rodaballo. Ese rodaballo a la parrilla que Pedro Arregui, el padre de Aitor, llevó a la mitología culinaria mundial. Por fortuna, San Sebastian Gastronomika ofrece, cada año, una comida allí en Getaria, en donde los invitados (chefs y periodistas) regresan a ese recodo de inenarrable placer que ofrecen las distintas partes del pescado, tocadas sólo por el sabio fuego y por la secreta “agua de Lourdes”. Este año, no obstante, las ganas de arrojar otra mirada sobre la cocina de Elkano aliadas con una galerna que imposibilitó la pesca del rodaballo nos llevaron a otros productos. Otros, pero igual de gloriosos. Aitor nos explicó su Cantábrico con su erudición trasladada al plato: bonito marinado, chicharro ahumado y verdel curado. De entrada. Siguió a esa vela de armas la bogavanta. Taxonomizada y vibrante de texturas. El tronco y la pinza con una sutil vinagreta; la cabeza a la parrilla y las huevas en evolución. Una pasada de sensaciones marinas. Después, unas setas a la parrilla (¡esas xixas!) y un guiso de calamar, tradicional y pletórico de confort. Más retos: gónada de dorada (recordando la de caballa que daba Ferran hace años en El Bulli), foie de salmonete y salmonete a la parrilla y, por fin, el elocuente lenguado a la parrilla, una pieza de finura y tersura enloquecedoras.
Muchos son los Elkano…

El menú de Elkano. San Sebastian Gastronomika. Getaria. Fotos: Xavier Agulló.
El menú de Elkano. San Sebastian Gastronomika. Getaria. Fotos: Xavier Agulló.

Akelare, 50 años de alta diversión
Aunque con Pedro, “sólo” 45. Ahí lo conocí a Pedro, mi primer “gran vasco”. Ahí volví la otra noche para celebrar la historia. Y en su mesa revisité algunas de las elaboraciones más representativas de su trayectoria, un menú historiográfico que, dijo, se quedará en la carta como otra propuesta. Un arranque con la mantequilla diabólica, los huevos fritos con patatas fritas y jamón y el talo de morcilla nos llevaron a todos a una sabrosa nostalgia. Pero también los sorprendentes (la sorpresa es uno de los vectores al que Pedro jamás ha renunciado) macaron-gilda y el buñuelo de tartare de carabinero. Subijana no cesa.

El menú 50 Aniversario. Akelare. San Sebastian Gastronomika. San Sebastián. Fotos: Xavier Agulló.
El menú 50 Aniversario. Akelare. San Sebastian Gastronomika. San Sebastián. Fotos: Xavier Agulló.

Luego fueron pasando auténticos monumentos que van más allá de la historia de Akelare porque están instalados en la propia de nuestra gastronomía. La terrina de sardinas con crema de pisto, la ostra en su cáscara (comestible), la terrina de rabitos de cerdo ibérico… La Nueva Cocina Vasca rediviva, regalándonos retazos de aquella Nouvelle Cuisine en la que se inspiró. Ensalada de verduras del huerto y bogavante con cúpula de su coral; el chipirón de anzuelo con arenas de colores; el pozharsky de cordero con nube de patata… Y, desde luego, la aparatosa langosta destilada en gueridón y “el primero”, la legendaria lubina a la pimienta verde de 1976. Todavía la frantxineta frita con ruibarbo y… el seminal gin tonic en el plato, postre deconstruido que inauguró nuevos mundos en su día.
Imposible no amar a Pedro.

Nota fundamental: todas las ponencias de SSG20 están disponibles en sansebastiangastronomika.com

Debo reconocer mi admiración por el inclasificable chef argentino Paulo Airaudo, capaz de triunfar a contracorriente en una plaza tan jodida como Donosti. Y más todavía: de progresar culinariamente como un sofisticado jabato sin fronteras. Ahí va su nuevo “italiano” de San Sebastián. Y, por la noche, la cena de “los heterodoxos” en Topa. Un día muy cumplido.

Música recomendada: Little old wine drinker me (Robert Mitchum)

Ese lunes por la tarde llovía en Donosti. Pero ni el txirimiri empoderado e insidioso evitó que Luchini y yo anduviéramos por la concha charlando despreocupadamente sobre, ahora no recuerdo exactamente, Foucault o Derrida (risas). En esas estábamos cuando Paulo Airaudo, refugiado de la llovizna en la terraza de su nuevo restaurante Amelia (hotel Villa Favorita), nos invitó a compartir champagne bajo techo. De este inopinado encuentro surgió la idea de, al día siguiente, martes, ir a probar al mediodía su restaurante italiano, el Da Filippo, emplazado donde el antiguo Amelia, en Gros.

Mucho han cambiado las cosas para Paulo desde que probé por primera vez su Amelia, al poco de abrirlo. Desde entonces (ya me gustó mucho, aunque con algunas dudas), abrió en Londres el Da Terra y se consiguió una estrella; se apalancó en Hong Kong con tres locales (Amelia en versión casual, Da Filippo y Haku, un kaiseki con influencias sudamericanas); y, por fin, inauguró la Cantina 1985 (parrilla argentina), trasladó su Amelia original a La Concha (una Michelin) dejando éste como el italiano Da Filippo, que es a lo que hemos venido, todo ello en Donosti. Sin despeinarse.

Comedor. Burrata. Vitello tonnato. Capelletti. Da Filippo. San Sebastián. Fotos: Xavier Agulló.
Comedor. Burrata. Vitello tonnato. Capelletti. Da Filippo. San eEbastián. Fotos: Xavier Agulló.

Con un equipo completamente italiano y la pasta (fresca) elaborada en casa, recibe Paulo con un aceite de la Toscana y con una porchetta en crujiente de pan, no exenta de elegancia. Las anchoas “llegan de Venecia”, en el agridulce del saor, seductoras. Al vitello tonnato, sin embargo, le falta tralla. Espléndida es, a continuación, la burrata, “ridículamente artesanal”, explica el chef, que le llega cada martes. Pura sofisticación láctea.

A continuación, descarga de pasta con ese dente arrebatador: capelletti de pato, mantequilla y tomillo; ñoquis de calabaza (extrema finura) con salvia y ricota salada; fagottini rellenos de stracciatella; paccheri alla Norma; ñoquis (harina y agua) sardos con ragú blanco; raviolo de castañas y pollo; linguine con botarga y limón; caserecce cacio e pepe; y spaghetti al nero di sepia.
Toda la carta. Y, así y todo, para volver.

La cena de los heteroxos. Topa. San Sebastian Gastronomika. Donosti.
La cena de los heteroxos. Topa. San Sebastian Gastronomika. Donosti.

La noche de “los heterodoxos”
Tenía razón Benjamín Lana cuando me decía que “los heterodoxos” o “bistronómicos” eran la revolución gastronómica actual. Hablándolo con el colega Ignacio Medina coincidimos en ello y todavía más: este colectivo (que no lo es, porque cada uno tiene su paisaje, su personalidad y, por tanto, su estilo) es el verdaderamente heredero de Ferran Adrià, puesto que han continuado, bajo parámetros culturales actuales, una obra cuyo núcleo siempre fue la búsqueda obsesiva del alma de las materias primas. Si en otros tiempos divergían del mainstream, ahora mismo son el mainstream, y no sólo por la exaltación del producto, sino por unas formas que sacralizan el instante, “la muñeca” y la fusión con el cliente. Tras la presentación del esclarecedor documental que realizó SSG20 sobre las cocinas de algunos de ellos, era menester la promiscuidad organoléptica, una de las características, precisamente, de su ideario genérico. Para expresarla, se eligió el Topa de Andoni Luis Aduriz, dirigido por el chef Jordi Bross, con las actuaciones estelares de Rafa Peña (Gresca), Nino Redruello (Fismuler), Iván Domínguez (Nado y, próximamente, en Madrid) y Pedrito Sánchez (Bagá).

Con una entrada singular a base de una selección de quesos de Tenerife (grandes desconocidos), el desfile ya no cesó: las renombradas quisquillas con escabeche de perdiz (Pedrito); el besugo semicurado con almendras y tinta (Nino); el monumental foie gras escabechado (Rafa); remolacha con ciruelas y rosas (Pedrito); torrija de lengua con comté (Rafa); taco de maíz y mijo con huitlacoche y trufa; fabas de Lourenzá guisadas con espinacas y consomé de las entrañas; y la conocida tarta de queso (Nino).
¿Futuro? Fijo; pero, ¡qué presente!

Tras pasar el día en el “plató” Akelarre (recordando el calamar del domingo en Casa Urola, eso sí), solazándome con las salazones taumatúrgicas (nunca mejor dicho, porque son sin sal) de Quique Dacosta, los cuentos andalusís maravillosos de Paco Morales, la cueva de Alí Babá marina de Ángel León, la exquisitez hortelana de la italiana Caterina Ceraudo, la exaltación mediterráneo de Gennaro Esposito, el ecotelurismo de Pietro Zito o Toño Pérez reviviendo el paté en croûte, llegaba la noche, que prometía en Azurmendi el encuentro improbable: Eneko Atxa y Ángel León. ¡Saravá!

Música recomendada: Move over (Steppenwolf)

Si el día fue un maremágnum de cámaras, pantallas, conexiones entre platós y la sensación en todo el gran equipo de estar escribiendo una nueva historia, la noche auguraba, sin perder la emoción de lo inaudito, el primer encuentro presencial del congreso. Un encuentro en la cima de dos de los más grandes posibles -Eneko y Ángel- en el espléndido escenario de Azurmendi.

Más que una cena, un hito. En plena pandemia, pero con la máxima seguridad (Azurmendi, gracias a sus tamaños, permite promiscuidad segura), Atxa y Ángel, por primera vez, unieron el Mediterráneo y el Atlántico, las sugerentes brumas y las cálidas luces, en una performance que no será sencillo olvidar. En manos de los dos chefs (8 Michelin en total) y bajo la minuciosa exquisitez del equipo de sala -al amigo Guillermo le cambiaron la ubicación del servicio a partir del tercer plato, al detectar su zurdera-, el rock and roll no paró de sonar, estridente a veces, sutil otras, grandioso siempre.

Quisquillas. Eneko Atxa. Azurmendi. San Sebastioan Gastronomika 2020.
Quisquillas. Eneko Atxa. Azurmendi. San Sebastioan Gastronomika 2020.

Una cena, una fiesta, una celebración de nosotros mismos. ¿Quieres más a papá o a mamá? Eneko “despertando hierro” con su hoja de otoño, el limón grass, el enamoradizo praliné de setas o el tartare de bogavante y mantequilla. ¿Y Ángel? Envolvente kokotxa con pan.

Ángel de última generación: bacon marino (dorada), cargándose con la “realidad” el término trampantojo. Otrosí: la morcilla pelágica, compañeros, puntillitas rellenas de sangre de morena, o la brújula loca… ¿Y las halófilas? Surgidas de la marisma para transmutarse en superespinacas soñando mar.

Pero, ojo con Eneko. Las quisquillas, otro de los greatest hits de la noche, con gel vegetal y granizado de tomate, un mundo de colisiones masoquistas; la berenjena a la brasa con anchoa, caviar y legumbres, surf and turf con desparpajo; o las pochas con anguila de clamorosa intensidad.
Y, ya desatadas las pasiones, el espectáculo del jarrete de almadraba de Ángel y esa síntesis final de la vizcaína de Eneko, la metáfora en el plato.
Corazón “partío”. Y yo preocupado…
(Continuará) 

Nadie podía intuir, en octubre del pasado año, que amenazaba tormenta perfecta. Cuando empezó a llover ya sin parar, en primavera, Grupo Vocento y Gsr se lanzaron con arrojo, y sin “jurisprudencia”, a la hazaña del “Live”, un foro internacional diseñado a partir de “webinars” coordinados y enlazados de raro nivel. Éxito. Después, como el temporal no amainaba, se pensó para la edición XXII de octubre ’20 en el diseño desde cero de una plataforma “on line” y de potencia nunca vista para hacer un congreso virtual. Se consiguió. No obstante, el segundo día de programación ya se certificó que SSG20 no era un “congreso virtual”, sino un gran congreso per se, sin adjetivos, con arrebatados directos, virtualidades en vivo, presencias estelares, gastronomías lúdicas, celebración de restaurantes en la mesa e insólitos formatos de exhibición. Y entonces las improbables (pero ciertas) cifras: 20.700 registrados de 103 países, 70 ponencias, 80 chefs y 50 horas de televisión en vivo. El congreso se había transformado en el programa de TV gastronómico más largo y fabuloso del planeta. Gastronomika (una vez más) había hecho historia.

Música recomendada: Who’ll stop the rain (Credenece Clearwater Revival)

No fue un trabajo fácil, aunque alguien tenía hacerlo. Partiendo sólo de la ilusión, la emoción, el trabajo, el tesón. Sin rendirse jamás. ¿Sería posible armar un congreso con todas las dificultades inducidas por la pandemia, y más todavía, manteniendo las más estrictas condiciones sanitarias? ¿Sería viable compaginar conceptos y formatos en busca de un nuevo lenguaje congresual? ¿Se estaría a la altura, con esta impedimenta, para crear la programación que siempre se espera de SSG? ¿Se lograría enrolar a chefs de todo el planeta? ¿Se podría, con tecnología, recrear la fantasía plena de un congreso, de una “kermesse” gastronómica? ¿Se conseguiría un sustrato ideológico innovador para alimentar los diferentes futuros culinarios postCovid?
Sí a todo.

Este sí a todo no es ajeno a la voluntad schopenhaueriana militante (y la ímproba personal) del inalienable equipo de Grupo Vocento y Gsr. Y, ajustando, la de Benjamín Lana, Iñigo Iribarnegaray, Roser Torras y Félix Rivadulla. Y todos los demás, por supuesto. Pero el gobierno de un bajel en la galerna necesita no sólo las decisiones y su ejecución, sino el liderazgo de la convicción que posibilita la heroicidad entre toda la tripulación. Así fue. Los trances, los noes, los desánimos y hasta la desesperación fueron homéricos, cierto; pero en el gobernalle no se abandonó jamás. “The harder they come…” A cada dificultad se respondía con más firmeza, más terquedad. Y, poco a poco, el nudo gordiano se fue relajando hasta deshacerse por completo.

Visión parcial del plató central. San Sebastian Gastronomika. 2020. San Sebastián. Foto: Xavier Agulló.
Visión parcial del plató central. San Sebastian Gastronomika. 2020. San Sebastián. Foto: Xavier Agulló.

El concepto inicial del congreso –“Caminos”- se debía desarrollar. De una forma tan novedosa como lo exigen los tiempos que han de venir. No era suficiente tener a algunos de los mejores chefs de España y el mundo, no. Y de esa inquietud obstinada, el equipo hizo virtud. Los chefs vascos y españoles más creacionistas debían estar. Se pedía, desde los más profundos sentimientos de amistad y solidaridad, un hermanamiento con Italia. Se detectó la emergencia (a pesar de los años que llevan en ejercicio) de los “heterodoxos”, aquellos chefs que han convertido lo que una vez se llamó bistronomía en una verdadera lección de cocina, que hoy navega en las cumbres con una silenciosa revolución de producto, inmediatez, “muñeca” y “liaison” con el comensal. Se investigó en la “blaxploitation” de la “cocina negra”, aquella que, desde la África profunda y, especularmente, desde América (Norte y Sur), mira a las raíces africanas y antillanas y se generó una jornada vindicativa, “Black cuisines matter”. Se decidió profundizar en ejemplos y proyectos nacionales e internacionales para dar nuevas miradas a nuevos horizontes posibles. Y también se quiso mostrar a los más grandes de otra manera, tanto ofreciéndonos soluciones imaginativas y a la vez realistas como dejándonos entrar sin tapujos en sus cocinas o sus vidas.
Una pasada.

Luego, retorciendo birlibirloques y dándolo todo, se consiguió condensar todo lo anterior en un “reality” virtuoso, y se hizo ese gran y singular programa de televisión trufado, imbricado e hibridado en directo con impactos presenciales y con epifanías gastronómicas como la improbable cena de Eneko Atxa & Ángel León, la concelebración de los bistronómicos (Rafa Peña, Iván Domínguez, Pedrito Sánchez, Nino Redruello y el equipo de Andoni del Topa), la gran fiesta de 50 aniversario de Pedro Subijana, con una revisión de algunos de sus más grandes platos, el prolijo descenso a los océanos de Aitor en Elkano
Y mucho más, por supuesto, por delante, por detrás y más allá de las cámaras. Con el añadido de que el congreso se podrá disfrutar durante todo el próximo año online con sólo un click.

La historia no se debe repetir: se debe crear.
(Continuará)       

Artículo publicado en Metrópoli.com (4 de septiembre de 2020)

La nostalgia puede jugarse desde dos tableros: el de la melancolía seducida fatalmente por “cualquier tiempo pasado fue mejor” (tentación no baladí en estos infames tiempos víricos); y el de la mirada opulenta a unos orígenes y a una evolución como mojos de un camino que no olvida ni tampoco cesa hacia nuevos horizontes. Joan, Pitu y Jordi son los amos del segundo en El Celler. Acaban de reabrir tras un breve episodio de Covid.

Música recomendada: Spinning wheel (Blood, Sweat & Tears)

S bien en su Mas Marroch (espacio para cáterings antes del apocalipsis) han apostado por una retrospectiva directa de sus greatest hits (“con gran éxito, abrimos sólo noches para mantener la conciliación familiar, pero con dos turnos y lista de espera”, dice Joan), en El Celler, como se decía, el envite es una reflexión gastronómica (y emocional) que transita entre los hitos conceptuales y técnicos que han sustanciado su cocina y su desarrollo final (a 2020). En román paladino: una primera parte del menú exhibiendo los platos que han marcado líneas de trabajo; y una segunda con los nuevos fenómenos de este año. El recorrido, más allá de la evocación festiva de “grandes momentos” vividos, apela al comensal a comprender, relacionar y proyectar un trabajo de 34 años que ha marcado la culinaria mundial.

El menú-degustación 2020. El Celler de Can Roca. Girona. Fotos: Xavier Agulló.

El menú-degustación 2020. El Celler de Can Roca. Girona. Fotos: Xavier Agulló. De esta forma, y con un restaurante que inaugura, en palabras de Pitu, “cambios sutiles” -más separación entre mesas, lo que da la sensación de estar solos en el salón; tonos más cálidos en el suelo de la recepción, las lamparitas del comedor, ciertos muebles…-, la liturgia se inicia con la memoria a manera de prefacio histórico explicativo. Para entendernos, una suerte del “resumen de lo acontecido” a la manera de las series de Netflix, para que no nos perdamos en las nuevas aventuras que llegarán más tarde. Ya de entrada, un timeline de snacks vertiginoso: canelón de pularda (2001), carpaccio de pies de cerdo con aceite de ceps (1989), tartaleta de boletus, tuétano y piñones (1995), corte de cochinillo con melón (2010), y lorito con bergamota e hinojo (2006). Una “vuelta al mundo… introspectivo”. Luego llegarán algunas de las elaboraciones esenciales que metaforizan el proceso creativo Roca. Ahí están la rompedora ostra con destilado de tierra (2005), la chispeante olivada (2018), la caballa con encurtidos y botarga (2013), la glamourosa velouté de crustáceos con caviar (2001), la globular tortilla de calabacín (1999), “toda la gamba” (1999), el famoso tartare con oloroso y helado de mostaza (1999), los brioches de trufa (2009) o el turrón de foie gras (2005).

El menú-degustación 2020. El Celler de Can Roca. Girona. Fotos: Xavier Agulló.
El menú-degustación 2020. El Celler de Can Roca. Girona. Fotos: Xavier Agulló.

En la actualidad (2020). Fiesta sensorial donde mandan cremosidades, contrastes táctiles muy chic, “surf & turf” y, sobre todo, mucho sabor. Profundo y estilizado mar y montaña vegetal; impactante ensalada verde; arrebatadas flores encurtidas con romesco; la dialéctica de la berenjena; ortiguillas y ortigas en promiscuidad; cigala con sobrasada; melva curada con grasa de vaca vieja; enamoradora raya con azafrán; secuencia de cordero (papillote de barro e higuera, sus casquerías); pato refocilándose de ciruelas; y “pithivier” de pichón más allá de la perfección.
O sea, lo único nostálgico de El Celler 2020 es el futuro.

PD.  Jordi (por cierto, su cortometraje “El sentido del cacao”, ha recibi do recientemente el premio del público en el Festival de Cine de Málaga) remata su 2020 con un fresco cromatismo rojo, un cremoso de chocolate en inmersión caprina y un haba “maison” de cacao. Pitu, como siempre, salido con el maridaje, armonía y sensibilidad: Jacques Selosse Initiale, González Byass Palo Cortado 1986, Weingut Von Schubert Abtsberg Aulesse (1969 y 1990), cava Mestres Mas Via 2000, Comptes Lafon 1er Cru Santenots-du-Milieu 11, Chateau Montrose 1975 y Mdme François de Montille 1er Cru Pezerolles 1977. Es decir…

El Celler de Can Roca
Can Sunyer, 48

Girona
Tel. 972 22 21 57
Cierra domingo, lunes y martes mediodía
Precio medio: 190 € / 225 € (maridaje aparte)

Canarias, Tenerife y la ciudad de La Laguna celebran la elección del chef y parrillero Baudilio Brito (Asador El Esquinazo) como uno de los 8 finalistas del prestigioso Concurso Nacional de Parrilla San Sebastian Gastronomika 20, que en esta su XI edición, tendrá sabor canario.

Música recomendada: Hey Joe (Tim O’Brien)

La participación de Brito en el congreso, que este año se celebra online, pero con las actividades en directo, y con inscripción gratuita para todo el público, se suma al gran desembarco de Tenerife en el mismo, a través de su Cabildo, con dos ponencias y diversas acciones en los escenarios virtuales y las cenas.

El Esquinazo. Comedor de la planta superior. La Laguna (Tenerife).
El Esquinazo. Comedor de la planta superior. La Laguna (Tenerife).

El Concurso, que se celebrará el miércoles día 7 de octubre en el seno del congreso (a las 10.00 horas en sansebastiangastronomika.com), pondrá en liza a los mejores parrilleros de España, de CCAA tan reconocidas en las brasas como Euskadi, Madrid, Catalunya o País Valenciano, a las que este año se suma Canarias, que se medirán a través de su habilidad en el manejo de las brasas, las cocciones, las temperaturas… Paralelamente a ello, también se dirimirá la mejor carne de España, puesto que el Concurso contempla dos premios: al Mejor Parrillero y a la Mejor Carne.

Baudilio Brito con Óscar y Aladino Juan (Cárnicas Lyo).
Baudilio Brito con Óscar y Aladino Juan (Cárnicas Lyo).

Baudilio, cuyo asador El esquinazo (La Laguna, Tenerife) está considerado como referente en las Islas Canarias, propondrá su estilo propio en la parrilla, gestado en el profundo conocimiento de los combustibles y de las características organolépticas de la grandes carnes españolas y europeas, con un muy especial acento en los bueyes y vacas viejas de alta maduración, y en su tratamiento leve, cuidadoso y específico para cada corte.

Para esta importante ocasión, presentará una pieza de buey gallego de 10 meses de maduración de Cárnicas Lyo (empresa propiedad de los hermanos Juan, considerados “los mejores afinadores de carnes del mundo”), que tiene en exclusiva El Esquinazo en el Archipiélago.

Estar en el podio de los 8 finalistas ya es un éxito extraordinario para Canarias, a la espera del dictamen del jurado la semana que viene, formado por reputados periodistas y chefs nacionales.

 

 

Para apuntarse gratuitamente al congreso San Sebastian Gastronomika 2020:
www.sansebastiangastronomika.com

El Esquinazo
Marqués de Celada, 15

San Cristóbal de La Laguna. Tenerife. Islas Canarias
Teléfono: 922 28 98 57
Cierra domingo noche y lunes
Precio medio: 30 €

Pocos restaurantes pueden fardar de ser ya historia en la gastronomía eco, sostenible y de proximidad como Els Casals (Sagàs). Cocina de círculo cerrado y sin contemplaciones.

Música recomendada: Dueling banjos (Deliverance)

Sería ocioso volver a contar la fascinante historia de los Rovira de Els Casals. Familia dedicada a la agricultura y la ganadería desde la Edad Media y preocupada también por las artes (todos los hermanos tocan algún instrumento) aunque sin olvidar las labores rurales. Cada hermano se ha especializado: el corral, el huerto, la piara, el vacuno… Oriol, la cocina.

Una cocina, como se sospechará con certidumbre, que brota de todo lo anterior. Allí, en mitad de las silenciosas llanuras y colinas del Bajo Berguedà, el restaurante (que también incluye un pequeño hotel para “huir del mundanal ruido”) se refleja con nitidez en el espejo del paisaje. Con una carta de vinos más que curiosa, con mucho biodinamismo, Oriol esculpe sin alardes ni artificios los sabores y aromas de lo que el comensal ve por los ventanales.

Tomates. Paté en croûte. Sobrasada. Panceta. Els Casals. Sagàs (Barcelona).
Tomates. Paté en croûte. Sobrasada. Panceta. Els Casals. Sagàs (Barcelona).

El plato que simboliza todo ello, que lo acompaña desde hace años es, simplemente, el de tomates del huerto. Comenzó hace años con uno solo, que primero servía con ajo hasta que se dio cuenta que ni eso hacía falta. Pero ahora… Ahora, aquel plato que asombraba a los foodies seminales por su sencillez y potencia presenta 12 variedades. Directos de la mata, esto no ha cambiado. Negros, pera, meta de cabra, San Marzano (cultivados en el huerto, por supuesto), bombilla, amarillo, pit de monja, blanco de Berga, verde de margen, raïm atòmic (variedad de Oregón, USA), “feo”, de Barbastro, “cereza”, “albaricoque”… Se habrá adivinado por el surtido que Oriol no sólo ha rescatado los tomates de su tierra, sino que, en sus múltiples viajes por el mundo, ha “importado” variedades raras que luego ha trabajado con éxito en su huerta.

Oriol y la panceta. Flan. Els Casls. Sagàs (Barcelona).
Oriol y la panceta. Flan. Els Casls. Sagàs (Barcelona).

Pero antes de los tomates, para abrir tema, Rovira saca unas cortezas de cerdo con jamón de la casa (su cruce personal de duroc e ibérico) y un paté en croûte con vinagreta de trufa blanca que ahora mismo es de perdiz y pato, pero que también puede ser, según temporada, de tórtola y cerdo, por ejemplo. Una de las recetas clásicas que se trajo de su aprendizaje en el Taillevent de París. Y tras los tomates que siguen, otro de sus must intocables: la sobrasada con miel, todo “de casa”, naturalmente. Luego llegan el macro canelón de capón y cerdo y, como traca final, la panceta salada y asada directamente, un despliegue de cremosidades y crujientes de alto voltaje.

No voy a delegar, sin embargo, el flan, uno de los mejores (si no el mejor) que he probado jamás. Una textura enamoradiza, un sabor de suavidad extrema…
A una hora exacta de Barcelona.

Els Casals
Sagàs (Barcelona)

Tel. 938 25 12 00
Cierra lunes, martes y noches de miércoles, jueves y domingos
Precio medio: 60 €

Si vas (o pasas por ahí) a l’Ametlla de Mar (Tarragona), el restaurante Golpe de Estado, en el puerto, frente al mar, te arrebatará de Delta y de Mediterráneo…

Música recomendada: The piper (Pete Sinfield)

No recuerdo exactamente ni cuándo ni cómo me topé con Siggi Soler. Sé, no obstante, que desde aquel momento esquivo en mi timeline han sido muchos los mediodías y noches generosas de gastronomía, de alcoholes diversos (él siempre miró con fervor a las Highlands), de conversaciones intensas y de compartir amigos previos -véase el gran Joan Escribà– y nuevos siempre con el apoyo de una barra, una mesa, un cenicero y varias botellas. Ubérrimo de vida, Siggi, que ha vivido en medio mundo, muy especialmente en África (tuvo dos restaurantes en Kenia, conoció la insólita despensa africana en la peligrosa Bangui, República Centroafricana, donde los hoy famosos murciélagos se sirven ahumados –“achicharrados”, matiza- y de donde debió salir por pies dejando todo atrás), fatigó Beirut… Coincidí en una ocasión con él en Costa Rica, donde se solazó unos cuantos años a la vez que -cierto- puso de moda allí nuestra sangría Lolea distribuyéndola él mismo. Por fin, me presentó hace unos años a la gran esperanza culinaria negra de África, Selassie Atadika (Midunu), que desde Accra (Ghana) está lanzando al mundo la Nueva Cocina Africana, movimiento que, precisamente, presentará el próximo octubre en exclusiva en el congreso San Sebastian Gastronomika.

Las violentas convulsiones en África, la excesiva morosidad de Centroamérica y diversos avatares internacionales lo regresaron por fin a España. A l’Ametlla de Mar (Tarragona), aun siendo él de Barcelona, donde adquirió una gran finca olivarera (que trabaja minuciosamente) y donde imaginó un negocio de turismo fluvial sostenible con barcazas-hotel en el Ebro que, finalmente (era sospechable) tuvo que olvidar. Fue en el ínterin cuando le ofrecieron el restaurante del Club Náutico de l’Ametlla de Mar, una propuesta que no pudo rechazar. A día de hoy, lo tiene a pleno rendimiento, e incluso se hizo con otro restaurante, más pequeño, en el paseo marítimo, bajo el nombre de Tela Marinera.

Restaurante Golpe de Estado, L'Ametlla de Mar. Fotos: Xavier Agulló.
Restaurante Golpe de Estado, L’Ametlla de Mar. Fotos: Xavier Agulló.

El Golpe de Estado
Aunque “sombras le avisaron” que no pusiese ese nombre, el eclecticismo y el descreimiento de Siggi se mantuvo: Golpe de Estado. Éste es el nombre de su restaurante madre.
Un gran espacio, fundamentalmente terrazas pero también un comedor interior, siempre con vistas al puerto, ese puerto que es lugar de atraque de los barcos de Balfegó, cuyas jaulas llenas de atunes rojos se hallan un poco más allá dentro del mar. De hecho, a golpe de barca.
Por cierto que, antes de comer, navegamos hacia los cercos para poder ver a los atunes en la motora de Siggi. Hoy hace un día perfecto para hacerse a la mar.

A la vuelta, nos recibe un albariño y una pequeña muestra de la cocina de Siggi -evitando la inmersión exagerada en el atún rojo, que ya conocemos. De entrada, una ensalada de queso de cabra frito e higos, frescura pertinente para movernos hacia el pulpo local a la brasa con patatas al pimentón, de sabrosa factura. No podía evitarse, estamos en el Delta del Ebro, la coca de anguila ahumada con tomate, puro paisaje y morbidez antes de la descarga del buchi, un guiso canalla marinero a base de la casquería del atún (callos y corazón) con patatas. Intensidad marina que, sin embargo, no está exenta de recodos y sutilezas. Un must.

Ensalada. Pulpo. Buchi. Besugo. Restaurante Golpe de Estado. L'Ametlla de Mar. Fotos: Xavier Agulló.
Ensalada. Pulpo. Buchi. Besugo. Restaurante Golpe de Estado. L’Ametlla de Mar. Fotos: Xavier Agulló.

Para acabar a lo grande, nos gozamos un besugo de la zona (todo el pescado es de la Lonja) entero, a la brasa, de impecable cocción, porque siempre nos gustó el espectáculo. Y una crema catalana.

En tiempo de descuento, me cuenta Siggi sobre el Tela Marinera, su otro restaurante en el pueblo. “Me asocié con una de mis camareras, Susi, una inglesa que hace años vive aquí, para recrear una taberna marinera. Antes de abrir nos vimos en varias ocasiones con los marineros jubilados de l’Ametlla, y ellos nos explicaron todos los secretos de las recetas de los ranchos marineros que comían en los barcos, que es justamente lo que hacemos en el local. Y una curiosidad: el pulpo lo preparaban sin hervir, directamente a la brasa, que es como lo presentamos en Tela Marinera”.

Luego, mientras las gaitas escocesas se colaban suavemente en la mesa, seguimos hablando de nuestras cosas…

Golpe de Estado
Calle El Port (Puerto)

Tel. 877 91 61 22
L’Ametlla de Mar (Tarragona)
Siempre abierto
Precio medio: 25 €

Tela marinera
Paseo Marítimo, 4
Tel. 643 19 23 92
Cierra martes
Precio medio: 20 €